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sábado, 26 de noviembre de 2011

Lóbrego

Hoy sólo soy un mendrugo de pan en la mesa vacía,
migaja de un mal desayuno,
hambre,  desolación,   campo yermo.
Me duele la mordida de un mal paso en el camino
y ni siquiera soy alimento para el ave solitaria.

Mi distancia entre la Vida y la Muerte es éste callejón
de donde nadie me ve salir,
ni oyen mi gemido ni presienten mi aliento.
Soy la elegía del labriego en el tañer de una guitarra,
la góndola al abismo de un frió atardecer.

He de quedarme aquí en esta mesa sin forma
como un vago rumor del viento en la madrugada
y ni siquiera estoy seguro de que me encuentres,
soledad, árido fundo de amarguras.

Pero aunque a nadie ésto debe importar -si estoy o no
en ésta culebra de la vida tosca y rara-
me atrevo a ser lo que a veces nunca pienso:
palpito de un amanecer sonriente y altivo.

Sólo soy lívido encanto de mis horas negras
donde me celebro a mi manera con la música del viento
y me marcho detrás de la campana agorera
al crepúsculo mustio de la puerta indómita.

Miro el tren de los recuerdos: ya no están,
la mirada triste del gentío al despedirse
asidos del silencio con el corazón helado,
y me da miedo haberme quedado muy solo. 


Jorge Cordovachuquihuanga

miércoles, 20 de octubre de 2010

Desengaño

Desde que te fuiste
no tengo salida
más que olvidarte
y curar la herida
que tú me dejaste

porque ha sido triste
esta despedida
que duele verte
lejos de mi vida
y de mi presente

pues así habrá sido
mi nefasta suerte
que ni el olvido
se le hace presente
a mi pecho herido

que haberte querido
con fervor ardiente
para mí ha sido
desengaño y muerte
¡así lo he sentido!

Adiós niña ingrata
suerte en tu camino;
entre oro y plata
brilla el mal destino
como el del pirata

y esto no se trata
que regreses, sino
veas la puerta
de aquel peregrino
que dejaste incierta.


Jorge Cordovachuquihuanga

Paimas – Perù

domingo, 23 de mayo de 2010

ADIOS AL HORIZONTE QUE ERAS TÚ

Lejos la mirada
Espejo casi invisible el horizonte que eras tú;
dueña del tiempo y su esperanza

Lejos el tiempo aquel
de la sutil estación desgranando gajos de ternura
Hoy, azulejos misterios surcan las calles
                     donde ya casi ni existes

Un salobre río inunda la ciudad con fríos adioses
y contra ello la esperanza ya no lucha, ya no;
sólo el ave de la filosofía saciará su sed/ no el corazón

El olvido es la bandera que flamea en tu sonrisa.


 
Jorge Còrdovachuquihuanga.
Pimas - Perù