(Pequeña remembranza)
Situado
a 574 msnm, con una superficie total de 319,67 km², y creado mediante Ley
No.15134 del 8 de septiembre de 1964, el Distrito de Paimas, uno de los 10 en
los que está divido la Provincia de Ayabaca, cumple hoy medio siglo de
existencia. En uno de sus caseríos (Algodonal, el más cercano) tuve la suerte
de nacer, allá por los años 80s. Los diez minutos que separan Algodonal de la
zona “Urbana” me permitían contemplar de cerca el rumbo o la quietud en que se
sumergía. Recuerdo el silencioso pasar de los días con el mismo rostro de
siempre, una cierta nostalgia de pueblo olvidado que parecía nunca sonreír; más,
sin embargo, sus paisajes, su río Quiróz, su canal de regadío túnel VI, sus
quebradas, sus bosques, vestigios y caminos hacían contraste con la rutina insatisfecha de
su gente. Nací y crecí resbalando por sus calles terrosas, entonces; jugando a
la luz de la luna (única luz de nuestras noches, puesto que la planta
Hidroeléctrica de Zamba solamente abastecía cinco horas, desde las seis de la
tarde, a la parte céntrica del Distrito); trabajando entre sus valles húmedos y
verdes, semilla en mano, trasplantado arroz; escuchando promesas de un mañana
mejor para nuestro pueblo.

El
tiempo seguía avanzando, nuevos presidentes, nuevos Alcaldes, mismas incertidumbres,
por ahí uno que otro pequeño pincelazo que mejoró con la llegada de la luz
eléctrica a la mayoría de los caseríos que conforman nuestro Distrito.
Los
hijos crecen y se marchan en busca de mejores horizontes, no fui la excepción;
un día partí, bajo el amparo de parientes paternos, llevando en mi mochila de
recuerdos, aquellas imagines dulces y tristes que me diera a saborear mi Tierra;
esta tierra que se ha plasmado en el núcleo de muchas de mis primeras
creaciones poéticas (“Perfumes de la Tierra” tiene mucho de ello), y que a la
distancia celebro y disfruto; partí dejando mis años infantes adheridos en esas
calles, en el campo, mi pequeña morada que ya no es. Desde entonces he vuelto en
muchas oportunidades, y el mismo rostro, la misma rutina, nada nuevo. Pero últimamente
he ido percibiendo un cierto panorama jovial que invita a soñar ese mañana
mejor.
Corazón
de todo lo que veo cuando distante
Alma
pletórica de todo cuanto aspiro.
A
ti sediento he ayunado en todas mis edades.
Cómo
mentirle a mi pecho con otro nombre
este
pulso evo que conglomera todas las Vidas.
Cómo
ir por sendas inquietas en pos de sonrisas
sin
degustar tus años humildes: tierra húmeda, semilla nueva
rebrotando
en cada estación de la lluvia
Oh
núcleo de mi canto. Vientre de mujer que amo
donde
los hijos van creciendo hasta llamarse campo
Tu
más que nada sabes de mi ayer casi olvidado…
El
tiempo sigue avanzando y, con certeza, debo decir que muchas cosas han cambiado,
aunque no como se quisiera. Ahora luce una plaza hermosa, sus calles, ya no
terrosas, ordenadas reciben a los visitantes; el mercado de abastos; su gente empeñosa,
sus campos, sus caseríos. Pero aún, considero, hay mucho por hacer. Mención aparte
y especial para la I.E “Juan Velazco Alvarado”, mi alma mater y de varias generaciones
Paimeñas, y testigo del, poco a poco, desarrollo que se viene dando en nuestro
Distrito.
Espero,
y creo que muchos, por no decir todos, que nuestras autoridades actuales y
venideras pongan un poco más de empeño en forjar un verdadero desarrollo, que las
cosas buenas que se anuncian lleguen hasta los más recónditos de nuestros veintitantos
caseríos que conforman el Distrito.
Un
saludo fraternal a todos mis paisanos, y a modo de homenaje les dejo a
continuación un pequeño poema.
PAIMAS, TIERRA QUE SE COSE ENTRE MIS VENAS
Ubérrima
y apacible tierra
donde
las altas cumbres sonríen como niños traviesos
y
el sol extiende sus manos de labriego
sobre
el lento pasar de los días
Sus
valles
bañados
por las aguas del acucioso Quiróz
labrados
de sol a sol por manos obreras
se
despiertan
como
una alfombra tejida
verdeando
a lo largo del río
Es
dulce el canto de las aves surcando los crepúsculos
La
sonrisa de bellas muchachas
es un paisaje de mariposas multicolores en los jardines
Ah
los verde-azules campos que saludan
cada
llegada
de
los hijos que se marchan
El
amor es la bandera que flamea
entre
los árboles y las dulces notas del viento
Así
te amo, mujer
Canción, fulgor del alba
estación de la alegría; tan en mí
como
esta tierra que se cose entre mis venas
A
ella voy, como a ti, sin ningún reproche
porque
de ella vengo
con
este amor que yo te ofrezco
Ven
conmigo a recorrer sus calles
a respirar aire puro que desciende de las montañas
Subirémos las copas de los árboles frutales
Bailaremos en sus fiestas, en sus caseríos
y sabrás del fluir amoroso de los sueños
en el rostro de su gente cuando hablan
Saldremos
a cazar los versos de la noche
escuchando
las tertulias de los vientos:
la siembra y la cosecha y el desahogo
las luciérnagas
tu corazón y el mío
y amanecer, te lo aseguro,
con
el canto enternecido de las aves
Ven
conmigo y acompáñame hasta la cima
Hay vestigios de otros tiempos
ocultos entre rocas y parajes
Y
desde allí contemplaremos un fastuoso panorama
extendiéndose
por
inhóspitos senderos del horizonte
Eso
es Paimas, amor mío; eso es Paimas
La
bandera de amor que flamea al norte de tus ojos
y
saluda la llegada
de
los hijos que se marchan.
Paimas 2011